Taty Wust | Suplemento Clarín Mujer. Entrevista
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Suplemento Clarín Mujer. Entrevista

Suplemento Clarín Mujer. Entrevista

MUJERES EN CARRERA. Los desafíos de la vida profesional

El dinero, la perseverancia, el Poder y el equilibrio familiar. Opinan la emprendedora Taty Wust, la psicóloga Gabriela Terminielli, vicepresidenta de Voces Vitales Argentina, y la economista Inés María Nevárez, autora de Economía de Sueños.

La vida laboral es un recorrido y siempre hay hitos, momentos fundamentales, en esa trayectoria. ¿Qué decisiones fueron clave para ustedes e hicieron la gran diferencia desde el punto de vista profesional?

Gabriela Terminielli: Yo arranqué a los 18 años en una empresa y a los 30, decidí dejar por mi pasión que es la psicología. Cambié de rumbo y encontré un nicho porque mis pacientes empezaron a ser gente que trabajaba en corporaciones con los problemas de esas estructuras. Y otro hito fue entrar a Voces Vitales, una ONG que identifica a mujeres líderes para empoderarlas. Ahí encontré mi lugar en el sector social, un camino de ida, porque descubrí lo que puedo aportar a la sociedad.

Inés María Nevárez: Yo empecé mi carrera a los 17 años en Ecuador, soy de una familia de origen humilde, salí a estudiar y trabajar al mismo tiempo. Hice finanzas, escalé rápidamente y a los 25, ya era gerente nacional de inversiones del quinto banco del país. Fue difícil, yo era la unica mujer en ese puesto, mis compañeros ganaban dos o tres veces más y me trataban como “la nena”. Después el sistema bancario quebró y se fugaron con el dinero. Quedamos muchos gerentes desempleados y ahí apliqué a Naciones Unidas y logré entrar como consultora en Economía. Yo necesitaba el trabajo, tenía un hijo de 5 años, y empecé con proyectos de cooperación internacional para desarrollar a comunidades de tejedoras que estaban aisladas. Ahí conocí a un argentino, que fue mi segundo marido, y me mudé a Buenos Aires a los 30 años. Pensé “me caso y soy feliz”, pero nunca la vida es como una la imagina (risas). Ahora siempre digo que las comodidades que no te ganas tú, las pagas caro. Bueno, me dediqué 10 años a ser “señora de”: tenía mi casa, mi jardín, mi pileta (risas). Así hasta que en el 2010 me separo y empiezo de nuevo. Entré en Fundación Grameen, tomé la presidencia, hicimos centros de crédito. Cuando una empieza a trabajar en lo social, no regresa, como dice Gaby. Todos tenemos una cajita de herramientas y todo lo que aprendés en la vida está ahí. Nada se pierde. Siempre mi vida fue hacia el financiamiento. Ahora desde la Bolsa de Buenos Aires con los proyectos innovadores. Yo soy economista de corazón. Pensé que la historia de la princesa podía ir conmigo, pero no nací para princesa (risas).

¿El cuento del Príncipe Azul sigue siendo una tentación para las chicas que pueden elegir dejar sus carreras por la maternidad?

Gabriela: Sí, totalmente. Yo soy coach de muchas chicas con carreras ejecutivas y esa tentación sigue vigente y se desvían de sus sueños iniciales. Cuando son muy jovencitas están muy determinadas y tienen los objetivos claros. Pero, a medida que pasa el tiempo, en los 30 años se van diluyendo esos sueños.

Inés: Yo siempre digo que “quien te da dinero, te pide derechos”. Es así en toda relación sea de negocios o matrimonial. En realidad, yo estaba muy enamorada hasta el día que me separé, él se quiso separar. Pero, bueno, tal vez pensó que me iba a quedar llorando. ¡Y eso no sucedió! (Risas). Salí a trabajar en lo mío.

Gabriela: Hoy más que nunca hay que apostar a la autonomía económica de la mujer.

¿Taty, cómo te decidiste a emprender y crear tu propio estudio de make up?

Taty Wust: Fue un camino de búsqueda, de seguir mi intuición. Me casé a los 21 años y estoy casada ya hace 14, ¡vamos bien! Empecé trabajo social, psicología; nada me conformaba. Trabajé en el Estado durante 8 años, ganaba muy bien, pero no estaba conforme. Cuando nació mi segunda hija, hice un curso de maquillaje y encontré mi pasión. Después de un tiempo de capacitarme, dije “renuncio”. Era un riesgo pasar de la comodidad a la incertidumbre de la vida emprendedora y con dos hijos chicos. Mi marido no tenía la súper carrera, pero me apoyó. La gran decisión fue quemar todas las naves y dedicarme a mi pasión. Ahora agradezco a la vida haberme animado.

Es frecuente escuchar en las historias de las mujeres la necesidad de seguir una intuición o escuchar el propio deseo. ¿Cómo se prepara una para estos cambios de rumbo laboral?

Gabriela: La única forma de afrontar la incertidumbre del cambio es transformarla en desafío. En las emprendedoras hay mucha incertidumbre, pero si te quedás ahí, no te animás a nada.

Inés: Cuando una emprende un nuevo proyecto, hay momentos horribles, en los que te cuestionás quién te mandó a meterte en ese desafío.

¿Cuáles son sus cualidades o fortalezas para alcanzar objetivos profesionales?

Gabriela: Mi gran fortaleza es la perseverancia. Y también haber escuchado a la gente que me dio buenos consejos. La determinación, la fuerza de voluntad y la perseverancia son básicas. Y otra cosa fundamental es la actualización. Yo, a los 49 años, entré a hacer un Master en Administración de Empresas viniendo de la psicología. Estudié con chicos de 26 y 27 años, parecía la mamá (risas). No tuve miedo de salir de mi zona de confort, así es cuando más se aprende. ¡Hasta tuve que contratar a un ingeniero para que me recordara cómo se hacían las ecuaciones! Cuando tuve mi título, sentí una satisfacción como pocas veces en mi vida. Eso te coloca en un lugar de seguridad: “si pude esto, puedo un montón de cosas”.

¿Sentir que tu límite es el cielo?

Gabriela: Exactamente. En los programas de mentoreo de Voces Vitales vemos que el gran desafío para la mentora es estar actualizada, a la altura de la aprendiz. Pienso que la perseverancia es más importante que el talento. El que es brillante, a veces, se relaja demasiado. Y al que le cuesta, se esfuerza y llega más lejos.

Inés. Sí, la perseverancia es clave. Yo también tengo la capacidad de mirar el entorno y ver por dónde ir. A veces no sé el camino, pero lo puedo visionar y la vida me va llevando. Soy muy estudiosa desde pequeña. Mi madre era exigente con las notas, como no teníamos dinero, debíamos esforzarnos para estar becados. Me gusta estudiar e imaginar mundos posibles. Todo con trabajo y constancia. Si no, no llegás a nada.

Taty: La perseverancia, en eso coincidimos las tres. Y también la escucha interior. Mi trabajo tiene que ver con lo que soy yo, respetar lo que creo y pienso. Tengo muchos años de terapia. Yo soy emprendedora de toda la vida y siempre me gustó ganar mi plata.

¿Piensan que ponerse objetivos es una de las claves para no estancarse?

Gabriela: Por lo menos, tener la visión global. Saber adónde se quiere llegar. En el consultorio a las chicas de 20 y pico les pregunto, ¿qué estilo de vida querés tener a los 35? A partir de esa respuesta, armamos una ruta. Es clave tener la fantasía, porque contagia pasión. No hay que tener miedo a soñar.

¿Cuáles fueron sus referentes profesionales?

Inés: Yo vivo en un mundo muy masculino, así que siempre fueron varones. Mi hijo me pregunta si alguno me tiró onda. Nunca, no di espacio. Sigo sin tener pares mujeres. Tal vez algún día sea distinto.

Gabriela: Yo tuve un gran mentor, Guillermo Carracedo. Me guió, a veces, con pelea y llanto. Y después tuve otros mentores y también mujeres que admiré por cómo ejercían su profesión.

Inés: Siempre la mujer en estos ámbitos tan profesionales se tira a menos. Yo admiro lo aguerridos que son los varones, incluso cuando pelean por sus honorarios.

Gabriela: Es cierto. El hombre tiene 30% de los requerimientos para un puesto y aplica. La mujer con el 70%, no lo hace.

Según datos de la ONU, sólo el 5% de las empresas está dirigida por mujeres y, en el mejor de los casos, ellas cobran un 23% menos que sus pares hombres. ¿Cuáles son los motivos para que esta desigualdad siga vigente?

Gabriela: Las empresas empiezan a mirar a las mujeres en la primera etapa de la carrera. Ahí están parejas con los hombres, aún no construyeron sus familias. Cuando empiezan a pensar en ser mamás… ¡Contra eso no se puede ir! Aunque hoy los hombres también pelean por tener más equilibrio entre el trabajo y la familia.

Inés: ¡No debería ser una contradicción! A veces las mujeres pensamos que el mundo nos tiene que reconocer. Pero la mayor limitación está en nosotras. A mí me ha costado mucho sentir orgullo de mí misma. Recién a mis 45 años empiezo a sentirlo. Estamos en una generación bisagra, nos criaron para ser mamás, esposas, y a nuestros 20, el mundo empezó a cambiar. Quedamos ancladas en dos mundos. El tema de ser aguerridas como los varones tiene que ver con la seguridad interna. Hay que construirla.

¿Por qué a muchas mujeres, incluso muy exitosas, les cuesta tanto negociar y pelear por su dinero?

Inés: A mí me costó mucho subir mis honorarios. Mis colegas varones me decían: “Decí es tanto y listo”. Un día me animé, dije tantos miles de pesos con mucho vértigo. Pensé: “No van a aceptar esta barbaridad”. Y no me dijeron nada. Estaba todo bien.

Taty: A mí me pasa con los precios en el estudio. Cuando tengo que aumentar, dudo.

Inés: Hay que perder el miedo al no. ¿Qué es lo peor que te puede pasar? No pasa porque el mundo nos reconozca, sino porque nosotras reconozcamos cuánto valemos. Espero que las más jóvenes superen esa limitación que es interna.

¿Y cómo se conquista el equilibrio entre la profesión y la vida personal y familiar?

Gabriela: Yo doy charlas en las corporaciones sobre felicidad y su relación con la productividad. Está comprobado que la gente feliz es más productiva.

Inés:Hay una búsqueda tanto de los hombres como de las mujeres por mayor disfrute de la vida.

Gabriela: Sí. Y las corporaciones se van a tener que adaptar. La búsqueda de los varones por mayor disfrute y equilibrio en sus vidas va a permitir que las mujeres crezcan en sus carreras.

Agradecimiento a Pani de Palermo, donde se realizó esta nota.

Nicaragua 6044. Info: www.pani.com.ar.